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¿Quién fue?


Un Sacerdote Franciscano de la Provincia de Cartagena “Dulce nombre de Jesús”. Nació un 16 de julio de 1,903 en un pequeño pueblo llamado Atrio, en Lebosende, Ourense, España. Desde la edad de 14 años descubre que Dios lo llama a ser misionero; su gran deseo era ir al África, ser el alivio de los hermanos negros que estaban siendo esclavizados; pero Dios le cambió sus planes, ya que en esta época, la Provincia enviaba misioneros a Centro América.

Formación


Ingresa al 8 de diciembre de 1918; hace profesión solemne el 24 de agosto de 1923; es ordenado sacerdote el 29 de agosto de 1929. Su sueño de ser misionero Dios se lo concede cuando es enviado a América Central, parte del continente Americano con una gran carencia de sacerdotes. Emprende su largo viaje a Chinandega, Nicaragua en el barco “Marqués de Comillas” el 4 de octubre de 1929, arribando el 10 del mismo mes; su labor misionera en Chinandega fue muy llena de entrega y aprendizaje destacándose por el acompañamiento que brindó a la Tercera Orden Franciscana Seglar; la Evangelización por medio de la Revista “ El Serafín de Asís” editada por la Provincia, en la cual fue el Director. Fundó el Periódico de impacto social llamado “Tezaotega”, colaboró en la educación siendo el Director del Colegio San Antonio. Algunas veces, en lugar de tomar sus vacaciones merecidas, viajaba a las montañas más remotas para llevar la Buena Nueva a aquellos cristianos, que por las distancias, no tenían posibilidad de acudir al pueblo.

Misión


En 1935 es enviado a El Salvador, a la Ciudad de San Vicente, donde, por más de un decenio, desarrolla una intensa labor sacerdotal como Vicario y coadjutor, primero, y, como Párroco y Superior (1938-1946); desde su llegada descubrió un sinnúmero de necesidades espirituales y materiales frente a las que no podía quedarse indiferente. Apoya la Tercera Orden Seglar, funda el grupo apostólico de las Antonianas, guía educa y anima dando acompañamiento, visitando las casas de los enfermos y de los que lo ameritaban por alguna necesidad. Tenía un especial cariño hacia los niños, a ellos les solía llamar “mis secretarios” y nunca faltaba en su bolsillo un caramelo para compartir con ellos. Ayudó a muchos niños, llevándolos a vivir a la Casa Cural, brindándoles techo, ropa y comida, así como también el alimento espiritual, muchos de los cuales optaron por el sacerdocio. Le dolía ver tantas ovejas sin pastor y tantas almas en busca de Dios; por lo que empezó a promover las vocaciones sacerdotales y religiosas; se le acercaban jovencitas para ser orientadas en su vocación, y él con gran ternura y espíritu fraternal les guiaba hacia congregaciones que ellas deseaban.

Celo Apostólico


Viendo las necesidades en su quehacer parroquial, invita a unas señoritas a estas tareas pastorales: catequizar, evangelizar, orar con los feligreses, visitar hogares, decoro y aseo del templo; llamándolas “mis catequistas”. Al ver el desempeño en sus tareas pastorales y siendo que se acercaba la romería del Señor de Esquipulas venerado en el Santuario de ese lugar, invita a 2 jóvenes: Francisca Chicas y Rafaela del Carmen Umaña a colaborar con esta misión; viendo el amor y entrega que les movía a trabajar por Cristo y sus hermanos, comprende allí la respuesta de Dios a sus oraciones, invitándoles a vivir en comunidad en el Santuario, bajo la protección del Señor de Esquipulas el 15 de Enero de 1945. Es así como el pintoresco pueblo de San Vicente se convierte en la Cuna de nuestra Congregación.

Su caminar


El 18 de diciembre del año 1946 es nombrado por el Capitulo Provincial, Vicario del Convento San Francisco en la Ciudad de Guatemala donde desarrolla una ardua labor. Encomienda a las hermanas a la Divina Providencia, y a pesar de la distancia siempre estaba pendiente de su “pequeño Rebaño” que había dejado en San Vicente. Les escribía y les animaba a seguir firmes y adelante. Transcurrido un año, logró llevarlas a Guatemala, y fue en ese país donde nuestra Congregación empezó a tomar firmeza y forma jurídica, creciendo a los pies de la Virgen de la Asunción.

Obediencia

El 24 de enero de 1950, se hace cargo de la Parroquia de San Pedro Sacatepéquez, llevando consigo a cinco terciarios Catequistas y 8 de sus hermanas. Así esta obra Franciscana se comenzó a extender a otras partes. Desarrolló una labor infatigable llevando una vida muy austera, mortificada y activa, tanto en ese lugar, como en San Marcos, Malacatan, Tecun Umán y sus alrededores; predicando, catequizando y evangelizando, haciendo presente el Reino de Dios en medio de hombres y mujeres que estaban sedientos de Dios. Funda la Legión de María, Guardia del Santísimo, Hermandades del Señor Sepultado, Virgen de los Dolores, Jesús de la Humildad, Jesús Nazareno y el apostolado de la oración. Dándose cuenta de la falta y educación en esos pueblos empieza a preparar a sus hermanas para nuevos campos de apostolado: pastoral de salud y educativa; construye colegios, academias, ermitas y centros de formación pastoral. Siendo fiel a su voto de obediencia, acepta ser trasladado a Ayutla (Tecún Umán), que era un pueblo donde la fe se estaba enfriando y la gente ni a misa llegaba. Pero él logró romper la barrera de la indiferencia del pueblo, convirtiendo poco a poco los duros corazones en corazones sensibles y amables. Por medio de su gran paciencia y dedicación, el templo resultó ser demasiado pequeño para albergar a tantos feligreses que llegaban. Esta gran labor la realizó con la ayuda de sus hermanas que le acompañaron en ese lugar de misión que fue de mucho sacrificio. Las distancias eran enormes entre una aldea y otra, los largos viajes a caballo o a pie por senderos resbaladizos se convertían en una pesadilla cuando tenía que cruzar ríos sobre puentes que no eran mas que un tronco tirado de una orilla a la otra. Las penas morales y los sufrimientos causados por las enfermedades tropicales, todo esto y mucho mas, lo aceptó y lo aguantó con el férreo valor del Apóstol Pablo.

Iluminado por Dios


El primer Obispo de San Marcos, Monseñor Celestino Miguel Fernández, OFM, lo nombra su Vicario General, cargo que pasa a ejercer a partir del 25 de febrero de 1956, a la vez con la dirección parroquial del santuario del Señor de las Tres Caídas, Tecun Umán, donde despliega gran actividad apostólica. Su misión pastoral en calidad de “Delegado Episcopal” no fueron obstáculo para que el Padre Aurelio fundara varias Asociaciones y Cofradías en San Pedro Sacatepéquez y en San Marcos. Este Franciscano de hecho y espíritu, era sencillo, cortes, piadoso, de vida muy austera, recto y humilde; de salud débil, pero sufría con alegría y serenidad sus múltiples dolencias, inclusive un derrame cerebral. Su celo apostólico y amor a las almas lo llevaba a la oración y al sacrificio. Su vida llena de amor se manifestaba en la entrega a Dios, por medio de un tierno amor a Jesús Sacramentado, a la Virgen María particularmente en la advocación de la Virgen de la Esperanza, a San José; un abandono total a la Divina Providencia, y gran amor por la pasión de Nuestro Señor Jesucristo, lo que lo llevaba a la práctica diaria del Santo Vía Crucis. Su carisma era abrir caminos, ser precursor, y su alma estaba siempre inclinada a los humildes, pobres, desheredados. Favorecía con preferencia a los indigentes y enfermos con cuanto tenia.

Encuentro con el Amado


En sus últimos días tuvo un segundo derrame cerebral, y el 28 de febrero de 1964, después de celebrar la Santa Misa a las siete de la mañana se retiró a su habitación y después de un par de horas al ver que no salía; Sor Victoria Carcamo llamó a su puerta, pero no respondió… abrió y lo encontró tirado sobre la cama… Era un día viernes, cuando a la edad de 60 años su alma franciscana voló hacia el cielo. Fue enterrado en el cementerio de San Marcos y entre la muchedumbre que asistió a su sepelio, estaban sus inconsolables Cooperadoras. Después de 7 años de su muerte, su cuerpo fue exhumado y lo encontraron intacto, causando en los presentes gran admiración y alegría ante tan prodigioso acontecimiento. El Padre Aurelio varón de Dios, que supo serle fiel, hoy le alaba con los ángeles y los santos en el cielo; y en la tierra vivirá para siempre en el corazón de sus hijas Cooperadoras Parroquiales de la Asunción, quienes le piden su intercesión y bendición.

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